Cuando el acero cobra vida / A propósito de Eliseo Valdés

Por Shirley Moreira Vázquez

Se torna preocupante que la escultura, manifestación insigne de la historia del arte, casi tan antigua como el hombre mismo, en los avatares críticos de la contemporaneidad haya perdido algo de espacio. Tal vez las voces especializadas, seducidas por la factura cada vez más atrevida de la pintura, o por la fuerte carga semántica de una performance o un video arte, descuidan la potencialidad expresiva de las imágenes escultóricas. Dicha dejadez  quizás se apoye en el hecho de que para aventurarse en esta manifestación se necesitan mucha práctica y talento, y en realidad, todo lo que se produce no merece la pena ser analizado. Pero podríamos pensar también que no existe tal abandono por parte de la crítica, solo que esta expresión, al exigir determinado desenvolvimiento económico para su producción, se torna inalcanzable para muchos artistas.

Lo cierto es que, aunque contamos con excelentes investigaciones de profesionales muy competentes sobre la escultura cubana, y algunos críticos han apoyado, con sus acertadas opiniones en catálogos y revistas, determinadas exposiciones donde participa esta manifestación, siento que no es suficiente. El arte escultórico contemporáneo reclama mayor atención. Por tanto, si una galería de nuestra ciudad se viste de gala presentando una exhibición de este tipo, se torna imperdonable no hacer una pausa y referirse a ella.  

Las piezas que Eliseo Valdés nos propone como parte de la exposición denominada Sistemas, exhibida en la Galería Villa Manuela de septiembre a octubre de 2011, bien pudieran dialogar, sin ningún tipo de dificultad, con determinados espacios de nuestra ciudad. La monumentalidad, tan habitual ya en la dinámica del arte contemporáneo, es un recurso que emplea el artista en aras de dotar a sus obras de gran expresividad. En esta ocasión, el acero ha sido el material seleccionado para, desde su solidez y frialdad, conformar volúmenes cerrados que se proyectan ante el espectador con la intención de impactar, ya sea por sus formas poco convencionales o por la sensación de peso que transmiten las estructuras.

El artista crea un sistema de formas que dialogan entre sí al interior de la muestra. Estas se articulan y otorgan al espectador una coherencia visual que hace aflorar posibles lecturas. Podemos ciertamente llegar a sentirnos indefensos al acercarnos a esta proposición expositiva. Cuando nos enfrentarnos a obras como Clan, donde el acero parece emerger de su base para sobrepasar con creces la escala humana, o a otras como Estable y sostenible, en la que, a pesar de la seguridad que ofrece el título, percibimos estas pesadas ruedas con cierta desconfianza, nos llega una sensación de pequeñez, de aplastamiento total y rotundo.

Es en este tipo de piezas donde se hace patente su capacidad para el diálogo con determinado espacio urbano, precisamente por la monumentalidad, Eliseo busca crear determinado efecto en el espectador. Las obras son un despliegue de dureza, hermetismo y estabilidad. Son fuerzas contenidas que van poco a poco increpando a su observador, y al no presentar vínculo alguno con la realidad, hace protagónica su geométrica perfección.

Buscarles posibles significados a estas construcciones de acero sería divagar, entrar a un laberinto sin vislumbrar la salida. Y es que estas piezas colosales están hechas para ser contempladas, para explayar en el espacio sus dimensiones, sus formas perfectas, sus modos de comunicarse a través de la textura propia del acero.

Una vez salido del impacto inicial provocado por el encuentro con estas obras que lucen su fortaleza ante la constitución insignificante del espectador, nos encontramos con otro grupo conformado por tres piezas más pequeñas, pero igual de monumentales. Si nos enfrentamos a ellas desprovistos de toda información adicional como lo constituye el título, podríamos pensar que nos hallamos ante obras abstractas que también buscan el regodeo visual. Pero al enterarnos de que son parte de una serie denominada Kama Sutra, y llevan por título Posición número 1, Posición número 2 y Posición número 3, respectivamente, podemos distinguir, gracias a la maleabilidad del material, que hay aquí determinada alusión al acto sexual.

Puede parecer esta una lectura bastante epidérmica, de hecho lo es. Los títulos nos remiten a un universo de significados que luego distinguimos fácilmente en las obras. Por este camino podemos hallar cierta vacuidad en las piezas. La excelente manera de crear una unidad entre estas formas abstractas queda destrozada  por la superficialidad de sus identificaciones. Por ello, prefiero seguir disfrutando de la imagen proyectada por las obras en su contexto.

Dejándome llevar por el optimismo y el sentimentalismo, podría llegar a resultar hermosa esta manera en que Valdés recrea, desde sus formas puras, perfectas y geométricas, el amor y su intimidad. En realidad no creo haya aquí una alusión burda al sexo, ni erótica siquiera. Podríamos pensar, para complacer las ansias de encontrarle un sentido a todo (aunque, reitero, no es necesario) que la poética de estas obras trasciende el propio acto sexual que se describe en los títulos y deviene metonimia de la pasión, la ternura, el afecto de la pareja. Las formas sinuosas que atrapan dulcemente a las figuras enhiestas pueden funcionar perfectamente como metáforas de esa unión que trasciende a un plano espiritual entre un hombre y una mujer. Pero sigue siendo un discurso elemental.

Si muchos pintores cubanos contemporáneos apelan al impacto visual como recurso discursivo de su obra, por qué no va a ser válido también para la escultura. No digo que no sea importante el trasfondo conceptual; al final, aunque no haya sido la intención última del artista, los receptores siempre encontrarán signos en las obras y, por supuesto, significados posibles. La polisemia es una condición que nunca se le podrá negar al arte. Las piezas presentes en Sistemas son enteramente susceptibles a cuantas interpretaciones deseemos darles, presas o no del facilismo, pero la excelente visualidad que ofrecen es lo que realmente nos hace hablar de una solidez en la obra del artista.  Inevitablemente, la muestra que nos propone Eliseo Valdés no está destinada a establecer con el espectador un dialogo conceptual profundo, sin embargo, proyecta imágenes sorprendentes que difícilmente serán olvidadas al salir de la galería.