Sistemas

Por Hilda María Rodríguez Enríquez

Desde la década del 80 del pasado siglo XX, fue ponderada la ruptura ideo-estética que se produjo sobre todo en las expresiones pictóricas y las nuevas propuestas instalativas o las emparentadas con el enviroment y lo objetual. Eso quedó sellado en su legitimación. Sin embargo, no mucho se ha escrito de lo que entonces estaba aún bajo una nítida  clasificación, hoy tomada con más flexibilidad: la escultura.

Específicamente, la segunda mitad de esa década fue prolija para los escultores  de “oficio y sacrificio”. En 1986, se le dedicó el Salón de la ciudad- organizado por el centro Provincial de artes Plásticas y diseño- el cual en su carácter competitivo partía ya de un criterio curatorial, al proponer una muestra que transitaba por un proceso de selección.

Signada esencialmente por el espíritu del Minimalismo, la escultura de los 80 exhibía dinamismo y revelaba la voluntad de búsqueda de caminos de renovación, en un entorno experimental, a pesar de las consabidas históricas limitaciones materiales. A tono con esas señales de forcejeo por no quedar a la saga y acompañada del empuje promocional, que sin dudas se percibía, escultura gozó –por un tiempo– de fortuna crítica, y sus protagonistas fueron seguidos en sus itinerarios. Uno de esos artistas que aparecía con frecuencia en las nóminas de exposiciones, que participaba de los eventos dedicados a la producción más joven era Eliseo Valdés, quien desde entonces mantiene una sostenida trayectoria, con propuestas que distinguen por sus valores estéticos y transparentan solidez  técnica  y por lo heterodoxo del repertorio de materiales.

La articulación conseguida en la combinación de materiales divergentes y  de formas en su imbricación, tributan a la legitimidad del título de esta exposición: Sistema. Y ciertamente el cuerpo de obras de Eliseo, lo cual no es privativo de esta muestra, opera como un sistema integrador de formas, materiales disímiles y técnicas. Volúmenes orgánicos, gravedad de líneas y voluptuosidad, se encuentran o enlazan, se sostienen y conviven en una sutil tensión que se vuelve armónica. Las piezas resultan monumentales, a pesar de sus dimensiones reales. Pudieran ser emplazadas en cualquier espacio urbanístico, como sucede con el sinuoso Conducto o la majestuosa pieza titulada Clan.

Los planos inclinados y hasta la apariencia pesada de muchas de las estructuras y formas que coronan algunas obras, retan la estabilidad y conquistan el movimiento, lo que resulta paradigmático en Estable y Sostenible. El título es un ardid, para que confiemos.

Esta exhibición connota –no dudar– la solidez de una obra, que manifiesta la acumulación de información, la seguridad de quien crea convencido del lugar y valía de sus propuestas, teniendo en cuenta que no han sido precisamente bondades, las que han rodeado a la escultura en nuestro contexto artístico.

Casi como un acto de fe, Eliseo Valdés persevera en la probada necesidad de la funcionalidad y racionalidad de un quehacer que, sin renunciar al sentido discursivo, al sema que es consustancial a toda obra, reclama con justicia, esa noble misión de poder ocupar también, los lugares de convivencia o desplazamiento, para incidir en las transfiguraciones del tiempo y el espacio, para romper el silencio la orfandad del universo visual.